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Gabriel Monzón: “La música fue mi refugio”

Gabriel Monzón

El grupo Ñahendu está conformado por cinco jóvenes con ganas de dar una nueva experiencia sonora a las grandes canciones del folclore regional. Uno de ellos es Gabriel, vocalista, quien ve a la música como una llave que le abrió puertas increíbles. Por Gabriela Báez | Brand Voice. Fotos: Gentileza.

La primera vez que Gabriel Monzón dedicó una canción en público, solo tenía 14 años. Estaba enamorado de una chica y se había anotado en un concurso de talentos en Corrientes, su ciudad natal.

Aquella noche, los nervios por ganarse el corazón de la adolescente superaban a los de la propia actuación. Con un sincero corazón, cantó No puedo vivir sin ti, de Puerto Seguro. Su increíble carisma le permitió ganar la competencia y también a la mujer de su vida. Años después, se casaron.

Esta anécdota es una de las que Gabriel cosechó gracias a la música. Su dedicación lo llevó a conquistar diversos escenarios y, pese a que su vida cambió en muchos aspectos, su pasión por cantar se mantuvo intacta.

Gabriel interpreta músicas folclóricas; además, ejecuta la guitarra y el bajo. El amor por el canto lo heredó de sus padres; cuando era niño, los veía cantar a dúo. También integró el coro de la iglesia y pasaba sus ratos libres haciendo peñas con sus amigos. Unos años después, tuvo que emigrar a España y dejó en su querida Corrientes a su música, a su familia y a su amor.

“En España trabajé en ventas y relaciones públicas. Luego de varios años descubrí que podía actuar como músico en un restó bar de Barcelona. Con un amigo de Irlanda hacía shows de covers de canciones en inglés, pero con ritmos como reggae y bossa nova”, relató Gabriel.

En 2012 volvió y se instaló en Paraguay. Mientras estaba en un conocido restaurante asunceno, un amigo le pidió ejecutar su guitarra. “Ahí empezó una superpeña, una linda amistad y una cantidad enorme de contratos privados. Fue entonces cuando descubrí que este país es amante de la música en vivo, me sentí como en casa”, añadió.

Así, decidió quedarse en nuestro país y realizarse, no solo como músico, sino como productor y manager de artistas: Néstor Ló y los Caminantes, The Walkers y María Isabel Vera. Además, se reencontró con su antiguo amor. Juntos formaron una familia en Paraguay y hoy siente el orgullo de tener su propio grupo folclórico: Ñahendu. 

Superando prejuicios

El recorrido de Gabriel en el mundo del arte tuvo muchos obstáculos. El mayor de todos fueron los prejuicios de la gente hacia la música como carrera. 

“No estaba bien visto el querer estudiar eso. La imagen que tiene la sociedad del intérprete es muy mala, la gente no lo ve como un trabajo serio y te lo hacen notar con preguntas picantes o comentarios jocosos”, lamentó. 

Sin embargo, nunca dudó de su pasión por la música y continuó. Eso le valió hermosos momentos. “Una señora cumplía 94 años. Ella parecía inerte en todo momento. Empecé a cantar un tango de Gardel y simplemente despertó, sus ojos se llenaron de lágrimas. Balbuceaba la letra conmigo; sus hijos y nietos lloraban, fue un momento muy especial. La música tiene el poder de despertar recuerdos y llevarte a momentos muy lindos de la vida”, manifestó.

Gabriel tiene tanto que agradecer; lo principal, el poder dedicarse a lo que ama, rubro que le regaló mucha vida y, por sobre todo, una pasión. “Sin ese fuego que todos debemos encontrar, no sería nada. Fue un refugio cuando necesité, una llave que abrió puertas increíbles.

La música despertó ese arte que estaba en mí”. En un desolado día de cuarentena, Gabriel vio en YouTube el video de un amigo suyo, Omar Valdez, quien tocaba el acordeón. “Le llamé y le invité a hacer eventos privados conmigo cuando, tímidamente, empezaban otra vez los shows en vivo. Me sorprendió su profesionalismo, toca violín desde los seis años. También ejecuta el piano y la guitarra; tremendo virtuoso en todos los instrumentos”, describió Gabriel.

Así nació la idea de conformar un grupo musical. Empezaron a trabajar en arreglos y luego invitaron a otros músicos: Seba Ramírez, baterista eminente; Magno Molinas, reconocido pianista, y Josías Montanía, experimentado bajista.

El nombre que eligieron para la banda fue Ñahendu. “Intentamos darle un enfoque diferente con arreglos originales a las canciones, con mucha atención a los detalles.

La música tiene el poder de despertar recuerdos y llevarte a momentos muy lindos de la vida».

Gabriel Monzón

Creemos que siempre se puede ir un paso más allá en cuanto a apuesta musical y calidad para poner nuestro folclore en un marco internacional”, explicó el artista. La primera presentación la tuvieron en el Teatro Municipal, el 23 de febrero, día del lanzamiento del EP. Tienen pensado terminar de grabar los 12 temas del disco, de los cuales ya lanzaron cuatro, en todas las plataformas digitales.

Gabriel cree que la música le dio alas. Se siente como en una montaña y, al mirar atrás, observa en la llanura toda una trayectoria que le demandó mucho sacrificio, pero que le regaló la posibilidad de mantener viva su pasión al lado de la gente que ama.

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